Una de las preguntas más frecuentes que nos hacen las hijas e hijos que llegan a la clínica con uno de sus progenitores es la misma: "¿esto es normal a su edad o le pasa algo?". La respuesta corta es que muchos de los cambios que se atribuyen al simple paso del tiempo son, en realidad, señales de prefragilidad: una fase intermedia en la que todavía hay margen para intervenir, y en la que las transiciones hacia atrás siguen siendo posibles — algo que deja de ocurrir cuando la fragilidad ya está instalada.
En 2001, el equipo de Linda Fried definió la fragilidad clínica con cinco indicadores objetivos. Cuando una persona presenta uno o dos de esos signos, hablamos de prefragilidad. Tres o más, ya es fragilidad. La buena noticia: la prefragilidad responde muy bien al ejercicio multicomponente bien pautado, y en muchos casos puede revertirse.
Estas son las cinco señales, traducidas a observaciones que cualquier familiar puede hacer en casa.
Señal 01 · Pérdida de peso involuntaria
Si tu madre o tu padre ha perdido más de 4,5 kg en el último año sin proponérselo, ese cambio merece atención. No es porque coma menos por inapetencia puntual: en mayores, la pérdida de peso involuntaria suele indicar pérdida de masa muscular (sarcopenia), que es el motor de la fragilidad.
Pista práctica: fíjate en la ropa. Si los pantalones le bailan, si el reloj se le mueve, si el cinturón ha bajado dos agujeros, es una señal real.
Señal 02 · Agotamiento que no se corresponde con el esfuerzo
Esta es una de las señales más fáciles de pasar por alto porque se confunde con "tener un mal día". Fried la evaluó preguntando con qué frecuencia el paciente sentía que "todo lo que hacía requería un esfuerzo" o que "no podía ponerse en marcha". Si la respuesta es "casi todos los días" durante semanas, hay agotamiento clínicamente significativo.
No se trata del cansancio normal después de un día activo. Es la sensación de que tareas que antes no costaban (vestirse, peinarse, salir a comprar el pan) ahora suponen un peso desproporcionado.
Señal 03 · Lentitud al caminar
La velocidad de marcha es uno de los mejores predictores de mortalidad y dependencia en mayores. En consulta la medimos con un test sencillo sobre 4 metros: si tarda más de 5 segundos en recorrerlos andando a su ritmo habitual, hay señal.
En casa, lo notas en cosas pequeñas: empieza a llegar tarde a sitios donde antes iba puntual, los semáforos en verde no le dan tiempo para cruzar, tarda más en subir el tramo de escaleras hasta su portal. Caminar más despacio no es solo caminar más despacio: refleja pérdida de fuerza, deterioro del equilibrio y miedo a caerse.
Señal 04 · Debilidad
La fuerza de prensión (lo que se mide apretando un dinamómetro) es una proxy excelente de la fuerza global. En consulta es uno de los primeros tests que hacemos en el Plan Bsalud porque es objetivo, repetible y se relaciona muy bien con el resto de capacidades funcionales.
Lo que ves en casa: dificultad para abrir un bote de mermelada, dificultad para levantarse del sofá sin apoyarse, fatiga al cargar la bolsa de la compra. Si el familiar empieza a evitar tareas que requieren fuerza (cargar nietos, levantar la fregona), no es vagancia: es debilidad que avanza.
Señal 05 · Baja actividad física
La cuarta y quinta señal van de la mano. Fried la cuantificaba en kilocalorías semanales de actividad; en la práctica, la pregunta útil es: "¿cuánto tiempo pasa al día sentado o tumbado, fuera del sueño?"
Si tu familiar pasa la mayor parte del día sentado, ha dejado de salir a caminar como antes, o ya no participa en actividades que requieran moverse, está en sedentarismo establecido. Y el sedentarismo, en mayores, acelera el resto de las señales.
Lo importante: es reversible
El error que más vemos en consulta es la resignación: 'a su edad ya es lo que toca'. La literatura lleva décadas demostrando lo contrario. En un ensayo español multicéntrico con 188 personas mayores de 75 años, tres meses de ejercicio multicomponente supervisado mejoraron la capacidad funcional en 1,4 puntos de la escala SPPB respecto al grupo que no lo hizo, mientras ese grupo control empeoraba. Es una diferencia media del conjunto, no una garantía individual.
Y aquí está la razón de fondo para no esperar. El estudio que siguió a 754 personas mayores durante cuatro años y medio encontró que, una vez instalada la fragilidad, volver a no ser frágil ocurría entre el 0 % y el 0,9 % de las veces. Con fragilidad establecida se puede trabajar —mantener capacidad, frenar el deterioro, ganar seguridad al andar—, pero dar marcha atrás es excepcional. Por eso reconocer las señales antes es la decisión que más cambia el pronóstico.
Escrito por el equipo clínico de Bsalud. Esta lectura es informativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario.


